Premio de Ensayo Josep Palau i Fabre y presenta ‘La música del mundo’

Vis MOLINA. El Cultural, 04 de Octubre de 2011

Javier Argüello (Buenos Aires, 1972) está de enhorabuena por partida doble. Se estrena como ensayista con su último libro, La música del mundo (Galaxia Gütenberg) y es el flamante ganador del Premio Internacional de Ensayo Josep Palau i Fabre. En sus ciento cincuenta páginas analiza, con la precisión y el rigor de un entomólogo, la manera en que las historias que hemos almacenado diligentemente en nuestro particular disco duro han configurado la realidad más cotidiana. De Sócrates a Platón y de ahí a Pitágoras, el nieto de un periodista deportivo de raza, del que heredó la vocación, nos acompaña de siglo en siglo con un lenguaje claro y directo para enfrentarnos a unas cuántas verdades adquiridas.

Pregunta.- Éste es su primer ensayo, ¿cómo se le ocurrió cambiar de género?
Respuesta.- Anteriormente había escrito un libro de cuentos y una novela, territorios en los que transité incesantemente entre la realidad y la ficción. Durante la escritura de mi novela, El mar de todos los muertos, acumulé muchísima información que no quise volcar en ese libro, ya que decidí moverme exclusivamente en el terreno novelesco. Aparqué todo eso que había ido atesorando en mi cabeza fruto de mis múltiples lecturas, y lo dejé a un lado esperando que llegara su momento porque ví muy claro que allí había varias ideas que estaban cimentándose. Y ahora le he dado salida en forma de ensayo.

P-¿Escribir sobre hechos reales entraña más dificultades que dejar volar la imaginación?
R-Al contrario, para mí ha sido enormemente divertido trabajar como un detective, buscando pistas aquí y allá, rastreando pruebas, oyendo rumores y contrastando fuentes. La novela puede llegar a desencadenar verdadero pánico, porque es tan amplio el horizonte en el que uno se mueve que hay momentos llenos de confusión e incertidumbre. Por el contrario, el ensayo es algo concreto, en el que siempre hay dónde agarrarse porque la historia es la que es y no permite fabulaciones.

P-Lo ha escrito en un lenguaje limpísimo, dejando muy patente su intención de ser ameno, cosa difícil tratándose de un ensayo.
R- Ese era uno de mis principales retos, no aburrir al lector, contarle las cosas de manera entretenida para animarle a seguir leyendo. Otra de mis preocupaciones era ser breve, no abrumar a nadie con un número excesivo de páginas. Por eso este libro es muy condensado y reúne gran cantidad de información de manera muy medida.

P-Ardua tarea…
R- Desde luego. Cuando descubrí a Borges me enamoré de su manera de narrar, limpia, pura, a base de frases aparentemente muy sencillas.Ha sido una gran referencia para mí desde entonces.

P-¿Le va lo de suscitar polémica?
R-Más bien diría que me gusta plantearme dudas y desterrar creencias. Aquí he tratado de explicarme algunas cosas a mí mismo y de ahí ha salido este primer ensayo. Ha sido como estar frente a un amigo, contándole un problema. A base de oírme en voz alta he ido dando forma a una serie de ideas que hasta entonces sólo eran vagas intuiciones bailando desordenadamente en mi cabeza. Al ponerlas por escrito, yo mismo las he ido entendiendo mejor. Este libro sirve para constatar que no somos tan racionales como nos creemos, y que pensamos determinadas cosas porque así nos las ha contado la historia.

P-¿En literatura también sirve lo del método empírico?
R-Hay muchas verdades científicas que aceptamos porque sí, porque detrás está la ciencia diciendo que eso ha ocurrido de esa forma y lo aceptamos sin más. Pero muchos científicos coinciden en que la mayoría de avances son puramente intuitivos, alguien empieza a investigar por un camino determinado porque intuye que ahí detrás puede haber algo. La intuición funciona en todos los campos. Y sí, la literatura también tiene sus propios métodos científicos: si una obra de teatro consigue hacer llorar a todos sus espectadores es evidente que está tocando ciertas fibras sensibles del alma humana. Eso es un hecho demostrable.

P-Después de bucear entre tanto personaje ilustre, ¿cuál es su favorito?
R-Prefiero decirle cuál es mi despreferencia y se trata de Platón. Es un personaje excesivamente mimado, contemplado y sobrevalorado por la historia, y esto es lo que trato de demostrar en el capítulo que le dedico. Fue un mal poeta y un peor escritor, y no se merece el gran respeto con el que se le ha considerado durante siglos.

P-¿Las coordenadas físicas y geográficas que enmarcan a un escritor delimitan su manera de narrar?
R-Desde luego que sí, y ese también es un hecho demostrable. Los latinoamericanos convivimos de una manera más o menos natural con un universo mágico poblado de espíritus y de muertos que conviven alegremente con los vivos. Eso no es irreal para nosotros, mientras que sí lo es para vosotros. Y, del mismo modo, todo el que conozca la costa del Pacífico y haya visto con sus propios ojos lo enormemente inspiradora que resulta puede entender fácilmente que Chile haya dado tan buenísimos poetas.

P-En su caso ¿la escritura obedece a una necesidad personal?
R-Rotundamente sí. Si todos los tremendos esfuerzos que he puesto en la literatura los hubiera invertido en otro campo, estoy seguro de que hoy viviría infinitamente mejor. A partir de ahí hay otras necesidades, como la de que existan lectores. Quiero ser leído, y no me planteo qué es lo que le interesa al lector pero sí que a éste he de invitarle a recorrer mis caminos de la forma más agradable y fácil posible.

P-¿Qué hay que contar para atraer lectores?
R-La pregunta no es el qué sino el cómo. Lo que atrapa es la honestidad total, el notar que el autor mira a su interior y escucha su voz para luego transmitírsela a los otros. Hay que mirarse mucho el ombligo para poder escribir algo que interese a los demás. Sólo una voz realmente auténtica, que cuente a los otros cuál es su manera de ver el mundo, puede atrapar lectores. Los temas literarios están agotados, pero no así la manera de tratarlos.

P-¿Seguirá por el camino del ensayo en un futuro próximo?
R-No, ahora tengo una novela esbozada en la mente y ése será mi siguiente libro. Acabo de regresar de Nápoles, dónde he estado rastreando calles y gentes para situar allí la trama. No hay nada más fructífero que pisar el escenario dónde uno imagina su novela. Se te llena la cabeza de ideas y de caras y luego no hay más que volcarlas al papel.


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