Un mundo seguiro y feliz

Publicado en EL PAIS, 17 de noviembre de 2015.

Celebration

En la película El show de Truman, el director Peter Weir quiso reflejar una comunidad ideal que, concebida como un gigantesco plató de televisión, lleva a su máxima expresión el empeño norteamericano del pueblo perfecto en el que las familias son guapas y cariñosas, y viven en casas de cuento con vecinos amables y educados que pasean a sus perros por calles inmaculadas sin dejar nunca de sonreír. Pues esa ciudad existe. Se llama Celebration.

El origen de Celebration, explica el artista Antoni Muntadas –que por estos días se halla preparando una conferencia que explora las relaciones entre la película de Weir y esta localidad estadounidense–, se remonta a la fundación del resort Walt Disney World. Habiendo dedicado toda su vida a la creación de mundos artificiales que descartaban cualquier elemento perturbador de la realidad exterior, en la década de 1960 la compañía Walt Disney Productions adquirió cerca de 11.000 hectáreas al suroeste de Orlando para construir el mayor complejo de parques temáticos jamás imaginado. En los planes originales figuraba, además del icónico Magic Kingdom, el primero de la saga, el proyecto Experimental Prototype Comunity of Tomorrow (EPCOT), concebido como una ciudad del futuro en donde viviría gente real que pondría en práctica algunas de las ideas de Disney para la vida urbana. Walt Disney murió de cáncer en 1966 y sus planes para EPCOT fueron abandonados, transformando la iniciativa en un parque temático más que exhibiría los últimos adelantos en tecnología. Gran parte de los conceptos allí desplegados, sin embargo, fueron integrados en Celebration.

Inaugurada en 1996, Celebration es la quintaescencia del sueño americano. Si ­EPCOT fue concebido mirando hacia el futuro, Celebration se inspiró en la nostalgia del pasado, una suerte de ciudad-plató ambientada en la década de 1930 cuyas casas color pastel y estricto reglamento interno rememoran el mundo feliz de los guiones de Disney. Cerca de diez mil personas de carne y hueso decidieron establecer allí su residencia.

El tema de los límites y los espacios protegidos no es nuevo en la obra de Muntadas, que ya ha dedicado extensos estudios a la relación existente entre el miedo y la seguridad. Las murallas, explica, han representado desde siempre el ideal de defensa contra la amenaza exterior, desde las rejas que los particulares colocan en sus casas hasta los barrios cerrados de algunas capitales latinoamericanas que cuentan con servicios de seguridad privada. Y no es algo que ocurra sólo en comunidades puntuales. Muntadas ha dedicado parte de sus reflexiones a las fronteras que separan países y continentes, como las que impiden a los mexicanos entrar en Estados Unidos o las que controlan la llegada de africanos y asiáticos a Europa.

Concebida como una ciudad-guion en la que todo está planificado –entre sus creadores hubo equipos de guionistas de Disney–, Celebration representó para sus habitantes la esperanza de criar a sus hijos en un entorno protegido, predecible y seguro, en el que no había espacio para el conflicto ni para el dolor. En el año 2010, sin embargo, la realidad burló sus fronteras. Un asesinato y un suicidio producidos en el lapso de una semana estremecieron los cimientos de la ciudad feliz. Algunas familias decidieron marcharse. Otras se quedaron. Todas, sin excepción, despertaron a una realidad que hoy nos atañe a todos: ¿hasta dónde resulta posible confiar en fronteras y muros para mantenernos al margen de las tensiones del mundo en el que vivimos?


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